La iniciativa surgió tras la muerte de Joaquín Stefano Gatto, un niño de 12 años que falleció al caerle encima un arco de fútbol sin fijación durante un campamento en Junín de los Andes.
El secretario de Planeamiento y Obras Públicas de Tandil sostuvo que la obra impulsada por la concesionaria Corresur era una oportunidad para modificar la geometría de los accesos y reducir velocidades.




